Caminar, correr, saltar o recibir una pelota son acciones que utilizamos en juegos, deportes y situaciones cotidianas. Para realizarlas necesitamos controlar nuestro cuerpo y adaptar los movimientos a lo que queremos hacer.
Estas acciones forman parte de las habilidades motrices básicas. Se desarrollan desde la infancia y constituyen una base para aprender movimientos más complejos.
¿Qué son las habilidades motrices básicas?
Las habilidades motrices básicas son acciones fundamentales que permiten desplazarnos, controlar la posición del cuerpo y manejar objetos.
Entre ellas encontramos caminar, correr, saltar, girar, lanzar y recibir. Se denominan básicas porque sirven como punto de partida para otros aprendizajes relacionados con el movimiento.
Por ejemplo, para participar en un juego de baloncesto necesitamos combinar desplazamientos, saltos, lanzamientos y recepciones. Aprender estas acciones facilita después su adaptación a las situaciones del juego.
La palabra «básicas» no significa que todas sean fáciles. Recibir una pelota en movimiento puede resultar más difícil que hacerlo estando quietos, aunque en ambos casos practiquemos la misma habilidad.
¿Cuáles son los tipos de habilidades motrices básicas?
Existen distintas formas de clasificarlas. Una manera habitual de comprenderlas es distinguir entre habilidades locomotrices, de estabilidad y manipulativas, según la función principal de cada acción.
Habilidades locomotrices
Son aquellas que permiten desplazar el cuerpo de un lugar a otro.
Algunos ejemplos son:
- Caminar.
- Correr.
- Saltar.
- Gatear.
- Trepar.
- Desplazarse lateralmente.
Las utilizamos cuando avanzamos hacia un objeto, recorremos una distancia o cambiamos de lugar durante un juego.
Por ejemplo, al participar en una persecución, un estudiante puede correr hacia delante y después desplazarse hacia un lado para evitar que lo alcancen.
Habilidades de estabilidad
Permiten controlar la postura y mantener o recuperar el equilibrio, tanto en posiciones estáticas como durante el movimiento.
Algunos ejemplos son sostenerse sobre un pie, girar con control o estabilizar el cuerpo después de un salto.
Dentro de este trabajo también aparecen acciones como inclinarse, balancearse o adoptar diferentes posiciones. Muchas se describen como no locomotrices, porque trasladarse de un lugar a otro no es su objetivo principal.
Sin embargo, la estabilidad también interviene al desplazarnos. Cuando caminamos sobre una línea, por ejemplo, avanzamos mientras ajustamos la posición del cuerpo para conservar el equilibrio.
Habilidades manipulativas
Son aquellas que permiten manejar o controlar objetos con las manos, los pies u otras partes del cuerpo. También pueden realizarse utilizando materiales como una raqueta.
Entre sus ejemplos encontramos:
- Lanzar una pelota.
- Recibir un pase.
- Patear un balón.
- Botar una pelota.
- Golpear un objeto con una raqueta.
Para realizarlas debemos ajustar nuestros movimientos al objeto y al objetivo de la actividad. Pasar una pelota a un compañero cercano requiere un esfuerzo diferente al necesario para enviarla más lejos.
Esta forma de agrupar las habilidades también aparece en el Currículum Nacional del Ministerio de Educación de Chile, que distingue entre locomoción, manipulación y estabilidad.
Ejemplos de habilidades motrices básicas
En muchas actividades utilizamos varias habilidades de forma combinada.
Imagina un juego en el que debes acercarte a una pelota, recogerla y pasarla a un compañero. Durante esa secuencia puedes:
- Correr para llegar hasta la pelota.
- Inclinarte para recogerla.
- Ajustar la postura antes del pase.
- Lanzarla hacia tu compañero.
Aunque podemos practicar cada acción por separado, durante el juego se relacionan entre sí.
También necesitamos observar lo que ocurre y decidir cómo actuar. Para recibir una pelota, por ejemplo, debemos seguir su trayectoria, situarnos adecuadamente y preparar las manos para atraparla.
¿Cuál es la diferencia entre habilidades motrices y capacidades físicas?
Las habilidades motrices son acciones que aprendemos y perfeccionamos, como correr, saltar o lanzar.
Las capacidades físicas, en cambio, son cualidades que intervienen al realizar movimientos y esfuerzos. Entre ellas se encuentran la fuerza, la resistencia, la velocidad y la flexibilidad.
Por ejemplo, saltar es una habilidad motriz, mientras que la fuerza de las piernas contribuye al impulso. Además, necesitamos coordinar el movimiento de los brazos y las piernas y controlar la caída.
Por eso, desarrollar fuerza no sustituye el aprendizaje de cómo saltar. Las capacidades físicas y las habilidades motrices se complementan.
Puedes ampliar esta explicación en ¿Qué son las capacidades físicas?.
¿Cómo se desarrollan las habilidades motrices básicas?
Su desarrollo está relacionado con el crecimiento, las experiencias de movimiento y las oportunidades de aprendizaje y práctica.
Durante la infancia se adquieren muchas de estas habilidades, pero su dominio puede seguir mejorando en etapas posteriores. Una persona puede saber lanzar una pelota y necesitar práctica para hacerlo con mayor precisión o mientras se desplaza.
Para favorecer este aprendizaje resulta útil:
- Practicar actividades variadas: combinar juegos, desplazamientos, saltos y tareas con objetos.
- Ajustar la dificultad: modificar las distancias, los materiales o las reglas según las posibilidades de cada participante.
- Repetir con pequeñas variaciones: probar una misma acción en situaciones diferentes.
- Recibir orientaciones claras: comprender qué se está practicando y cómo mejorar.
No todas las personas aprenden al mismo ritmo. En el contexto escolar, conviene reconocer el progreso individual y ofrecer oportunidades de participación sin comparaciones innecesarias.
Habilidades motrices básicas en Educación Física
La Educación Física ofrece situaciones para explorar y combinar distintas formas de movimiento.
Un circuito escolar, por ejemplo, puede incluir caminar entre marcas, saltar una línea, mantener el equilibrio sobre un pie y lanzar una pelota blanda hacia un objetivo.
Cada tarea tiene una finalidad. En el salto podemos prestar atención a la caída; en el equilibrio, al control de la postura; y en el lanzamiento, a la dirección de la pelota.
El docente puede adaptar el recorrido para facilitar o aumentar la dificultad. Acercar el objetivo o utilizar una pelota más grande son formas de ajustar la actividad a quienes participan.
Lo importante es que los estudiantes tengan oportunidades de aprender, practicar y mejorar el control de sus movimientos.
¿Cómo se relacionan con los deportes?
Las habilidades motrices básicas sirven como base para aprender acciones deportivas más específicas.
En el fútbol se combinan desplazamientos, golpeos y control del balón. En el baloncesto aparecen carreras, saltos, pases y lanzamientos. En el voleibol se utilizan desplazamientos, saltos y golpeos.
Sin embargo, conocer una habilidad básica no significa dominar automáticamente un deporte. También es necesario aprender a utilizarla según sus reglas y las situaciones del juego.
Por ejemplo, lanzar una pelota a un compañero es una experiencia inicial. Después podemos aprender a realizar un pase mientras corremos o cuando otro jugador intenta interceptarlo.
Para conocer otras disciplinas en las que se utilizan estas acciones, puedes consultar Tipos de deportes.
Habilidades motrices y vida cotidiana
Estas habilidades también están presentes fuera de las clases y los deportes.
Al subir un escalón desplazamos el cuerpo y controlamos el equilibrio. Cuando recogemos un objeto del suelo ajustamos la postura. Al llevar una pelota o colocar un libro en una repisa controlamos su manejo.
Incluso una acción habitual, como caminar por un espacio con obstáculos, exige observar el entorno, modificar el recorrido y adaptar nuestros pasos. Las habilidades motrices nos ayudan a resolver estas situaciones y a desenvolvernos con mayor control en las actividades diarias.




